domingo, 22 de mayo de 2011

CRISIS Y TRANSFORMACION

Un ser capaz de sobreponerse ante las dificultades, de responder ante la adversidad, de crecer y mejorar en los peores y más infértiles momentos, ese es el ser humano. Si echamos un vistazo a los momentos cumbre de la historia de la humanidad, la constante será siempre la crisis. Los cambios que han valido la pena y que han dejado huella en la historia, están antecedidos o precedidos por profundas crisis. En ellas es donde el ser humano se juega su existencia y pone en acción todo su potencial.


Lejos de ser un impedimento, las crisis son los momentos clave para el desarrollo humano. El significado de la palabra crisis es múltiple. Hace referencia en la mayoría de los casos, a un momento coyuntural que exige un proceso de evolución, ya sea para bien o para mal. Se entiende que una crisis es una situación compleja en la cual se han producido cambios drásticos, cambios que rompen el ritmo relativamente ordenado que constituye nuestra vida. En los momentos de crisis las rutinas se rompen y las circunstancias exigen un cambio de pensamiento que transforme de modo radical los esquemas con los que estamos acostumbrados a leer el mundo y nuestra propia vida.

Pero la riqueza del significado de esta palabra está en que al hablar de crisis siempre se hace necesaria la resolución. Pasar por una crisis es, sobre todo, tener la capacidad de comprender de un modo distinto el mundo y la vida y, en consecuencia, tener más y mejores herramientas para seguir adelante. Superar las crisis es la tarea principal del ser humano pues en ellas es donde se pone a prueba su verdadero potencial.

Es muy importante saber que en toda situación crítica, por más adversa que se nos presente, existe solo un riesgo grave y peligroso: dejarla pasar. Las crisis pueden pasar por nosotros sin que nosotros pasemos por ellas y esto trae consecuencias nefastas. A lo largo de nuestra vida pasamos por innumerables situaciones difíciles, pero son pocas las ocasiones en las que afrontamos la crisis con fecundidad. La oportunidad de cambiar de perspectiva y de agudizar la percepción y la atención en el mundo de la vida no se nos presenta tan fácilmente. Requiere una cierta disposición que es difícil de adquirir. Las crisis otorgan acceso a ella, pero hay que saberlas aprovechar y comprender, para que surja en el ser humano esa nueva percepción que permite conectar con el mundo de un nuevo modo. Es la fuente de cambios que produce un progreso real. Así podremos repetir tranquilamente con el poeta Hölderlin que “en el peligro, está también la salvación”.

Cuando sobrevienen todas las adversidades juntas es cuando tenemos la excepcional ocasión de transformar el mundo y, sobre todo, de transformar nuestra comprensión para proponer los cambios adecuados, los cambios que dejarán huella en la historia de la humanidad. Parte de la clave está en lo que sobre el tiempo advertía Seneca en su De la brevedad de la vida: “El tiempo que tenemos no es corto; pero perdiendo mucho de él, hacemos que lo sea, y la vida es suficientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes, si la empleáremos bien”.

2 comentarios:

  1. Aleja, este es el primero de sus artículos que he leído.

    Mientras leía me preguntaba sobre el problema de la perspectiva en reflexionar sobre la noción de crisis. Me refiero a dos tipos específicos de perspectiva, la histórica y la fenomenológica. La reflexión histórica sobre la crisis es inevitablemente una reflexión a posteriori, una vez los eventos críticos se han desarrollado y sus consecuencias son evidentes, es decir, una vez la dimensión de la crisis y sus oportunidades pueden ser evaluadas mas allá de la coyuntura. Si bien entender el pasado "paga" en el presente, ya no hay nada que hacer, tanto crisis como oportunidad han pasado. En adición, hay que considerar que usualmente la historia se establece desde posiciones de hegemonía, es decir, desde la perspectiva de quien aprovecho la oportunidad. Luego reconocer las distintas alternativas u otros posibles aprendizajes de vuelve complicado.

    Desde un punto de vista fenomenológico, subirse al tren de la transformación y reconocer la crisis como tal requiere un nivel de introspección que casi contrario a la crisis misma. Identificar crisis y oportunidad de transformación es tan complicado como ver el bosque cuando los arboles tapan la vista. Y se se suma el que en nuestra sociedad siempre estamos en crisis bien, económica, de valores, por el narcotrafico, por el petroleo, por la pobreza, por la falta de gobernabilidad, por los secuestros, por la violencia, por la salud...
    Se hace complicado reconocer cualquier cosa.

    Entonces, si bien reconocer crisis y crecer con ella puede ser pensado como un imperativo, como me subo al tren si solo lo puedo ver una vez se ha ido?

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  2. Ivan, bienvenido al blog! Me encanta que haga comentarios.
    Muy interesante la crítica. La verdad me encantaría tener más espacio para ampliar los temas, pero en el periodico que escribo tengo un límite de 530 palabras.
    Pero bueno, está bien aprovechar el espacio de comentarios para ampliar. De las dos perspectivas que menciona, me quedo con la fenomenológica en el sentido en que es en el estar ahí donde es posible hacer lo que propongo. La perspectiva histórica sirve para aprender, pero estoy de acuerdo con que responde a múltiples interpetaciones y no es facil decir que fue realmente lo que paso.
    La propuesta que hago es que precisamente existe en el ser humano como ser en el mundo una posibilidad de hacerse más cargo, o mejor, más consciente de la propia vida.
    Me salgo del todo de la perspectiva académica. No se trata de analizar si en el mundo estamos en crisis o no. Voy a que en la vida de cada persona hay momentos que exigen más de uno mismo. A veces nos damos cuenta, a veces no. Cuando nos enfermamos, o cuando se nos inunda la casa, evidentemente cambia la rutina vital. Es a estos momentos, al alcance de nuestra percepción, a los que me refiero como momentos de crisis.
    La idea es precisamente que no se nos vaya el tren y que la respuesta que damos a la situación implique poner en moviemiento dimensiones del propio ser que antes no estaban en juego.

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