lunes, 16 de mayo de 2011

LA IDENTIDAD Y EL BIEN

La vida de hombres y mujeres se caracteriza por ser, en lugar de bio-logía, una compleja y fascinante bio-grafía. No vivimos simplemente de acuerdo a lo que la naturaleza nos dicta, sino que somos narradores de nuestra propia experiencia. El papel de narrador, es aún más importante y definitivo que el del protagonista. Si bien, los hechos nos acontecen directamente y por esto mismo caracterizamos en primera persona la historia, hay un ingrediente constante que agregamos a todo hecho: el de la interpretación. Así, no solo nos pasan cosas sino que esas cosas tienen un significado específico para nosotros; esto nos hace ser ante todo, narradores de nuestra propia vida.


El narrador ofrece el marco de interpretación de la historia; explica por qué ciertos acontecimientos tienen un determinado significado para unos y otro para los demás; ofrece, en última instancia, el marco valorativo en el cual se comprenden y asimilan las distintas acciones. Este marco valorativo, del cual es imposible desligar al ser humano, es el que traza los pasos en el camino hacia el bien.

Todo ser humano pretende alcanzar la felicidad, en eso al parecer, estamos todos de acuerdo. Qué la garantiza es algo sobre lo que no hay aún una sola voz. Pero lo que sí está claro es que para alcanzarla los actos buenos han de estar de por medio. Conseguimos lo que queremos cuando actuamos de acuerdo a lo que consideramos bueno, relevante, importante, positivo y eso nos hace felices. El bien es, entonces, el argumento central de la narrativa de la propia vida. La trama está en encontrar, articular y aplicar dicho bien para orientar los actos y protagonizar una gran historia vital.

La pregunta crucial ¿quién soy? no se resuelve con una autodefinición de gustos, preferencias o tendencias de pensamiento que marquen la diferencia con respecto a los otros. Esta idea, que heredamos del romanticismo moderno y que pone las fuentes de identidad en la interioridad del individuo, ha degenerado en un triste individualismo que se conforma con una ecuación relativista débil para resolver el problema. La pregunta por la propia identidad tiene que ver, de manera profunda, con la orientación al bien que soy capaz de dar a mi propia vida.

Lo curioso de este camino hacia la configuración de la propia identidad es que no se deriva del marco exclusivo de la experiencia individual, es decir, de las múltiples vicisitudes que acontecen al personaje principal de la historia. La configuración de la propia identidad se deriva de la narrativa que surge inspirada por los hechos. Es la persona, como narradora de su propia historia, la que articula las múltiples voces y acontecimientos que le rodean. Es en este ejercicio narrativo donde, al evaluar el contexto, surge una clave de orientación de la acción que tiene carácter de bien y que impulsa con fuerza a alcanzar los fines. Es el anhelo del bien lo que configura la propia vida como una vida que vale la pena.

Desde esta perspectiva el bien relativo no es suficiente. El narrador no se conforma con una sola voz. Cuenta una buena historia cuando articula, desde la multiplicidad, lo valioso; cuando descubre el bien implícito en la realidad.

1 comentario:

  1. No sé en qué sentido se entienda 'bien' al hablar aquí de 'orientación al bien'. Si es un sentido muy amplio (como que todo lo que se busca tiene para el que lo busca carácter de bien), no tendría lugar lo que diré a continuación.
    Si a lo que se hace referencia es a un bien moral como constituyente de la identidad, vería un problema, pues es posible pensar en narraciones (de vidas) que no se dirigen hacia algo bueno o valioso en sentido moral y que, sin embargo, de ese modo dan lugar a grandes personajes (no sé si el ejemplo sea pertinente, pero pensaba en algo como Alice in Wonderland).
    Y un saludo.

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